spirit-1111 escribió "Todos somos en realidad dos personajes enfrentados por desenmascararse. En realidad ninguno de los dos es el verdadero yo y ambos crean la realidad de lo que somos, al menos en el presente.
En estos tiempos tendemos hacia el ángel que llevamos dentro, algunos más que otros, pero siempre caminando hacia la luz queramos o no.
El aprendizaje es nuestra tarea actual, hemos venido para eso, de modo que no hay que avergonzarse por no estar a la altura y crear un equilibrio entre el amor propio y la humildad.
Reconocernos seres basados en el amor a veces nos cuesta demasiado.
El orgullo nos confunde a creer que nuestro instinto animal rudo y defensivo es quien debe prevalecer en vez de dejarnos llevar por la cálida presencia del ser amoroso que somos.
Abandonarse a nuestra condición de ángeles amnésicos es complicada y muchos caen en los dos abismos que se abren frente a sus pasos. Uno es la negación de su esencia de luz y la caída al oscuro mundo de la materia.
El otro es enorgullecerse en extremo y desvariar en un estado irreal que confunde más aún a la persona en un mundo que tampoco existe.
Somos seres de luz en un mundo material. Tenemos una función material con trascendencia espiritual por lo que renegar de la materia es tan absurdo como volcarse a ella olvidando el alma y lo suprafísico.
La mente tiene unas limitaciones, unas fronteras en las que más allá se pierde y donde sólo nuestro corazón puede orientarnos.
El conflicto eterno del ser humano es la pérdida del equilibrio y nuestra sociedad moderna actualmente enfrenta las dos polaridades del ser humano.
Como todos sabemos la frontera entre ambos mundos se cruza en momentos críticos habitualmente, como indicándonos que necesitábamos despertar a una nueva realidad de la que éramos ajenos mientras nada alteraba la normalidad.
Muchos de los seres humanos que despiertan a la realidad espiritual y verdadera lo hacen después de perder a seres queridos o de sufrir tremendas secuelas personales de diversa índole.
Lo que sucede es que se sacuden nuestras raíces más profundas y tenemos que rehacer las bases sobre las que se sustenta nuestra existencia.
Muchos caen en el agujero de la depresión, donde uno mismo se condena por un amor inmenso pero falto de comprensión y de cierta claridad. Pero en realidad todos tenemos un modo de despertar y nosotros somos quienes mejor nos conocemos y sabemos qué debe ocurrirnos para abrir los ojos.
Realmente no hay sufrimiento y todo es un espejismo para el yo real. Es la mente la que está convencida de la realidad del dolor y del sufrimiento físico y psíquico.
Cuando una persona alcanza el conocimiento del ser humano como ente de luz infinito inmortal el amor le inunda de forma que no puede dejarse llevar mucho por el dolor humano mental. La comprensión de la realidad trascendiendo vida tras vida le lleva a ver más allá de la muerte.
Esta es un paso, determinado por nosotros mismos, como cada día de nuestra vida. Del mismo modo cada dolor o sufrimiento es un hito en el camino que sabemos necesario para comprender determinadas realidades.
Tristemente no es necesario, pero nos creemos no merecer otra cosa y aceptamos ese método de aprendizaje como el más adecuado en este nivel.
Cuando uno se da cuenta de ello todo el mundo cambia, como se puede entender, la realidad es algo más y trasciende todo.
Uno sigue siendo normal, pero por dentro no volverá a ser el mismo. Puede renegar, o incluso no terminar de creérselo y sufrir por ello, pero el corazón ya ha atisbado la verdad y la realidad de nuestra existencia.
No es una paranoia creída para autojustificarse o consolarse, es una certeza que supera la misma certeza del estar vivo. Estamos aquí para despertar, para abrir los ojos del corazón y comenzar a dejar de darle importancia a lo que no lo tiene. Vivir con los pies en la tierra pero con el alma volando en el cielo."
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