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Nuevo Año, pero ciertamente no el mismo para todos, será el año 2131 para el
Calendario Tibetano, según el calendario lunar Chino el año 4701 comenzará el
día 21 de Enero del 2004 en la segunda luna nueva después del solsticio de
invierno, otras culturas que se guiaban por los ciclos lunares de 13 meses son
la japonesa, la hindú, árabe y judía. Si se traduciría al calendario occidental,
las comunidades judías estarían en el año 5764.
Seamos pues conscientes de nuestra infinita diversidad y celebrémosla fijando
nuestra mirada más allá en lo que todos tenemos en común, en lo más profundo y
eterno de nuestra naturaleza: el viejo anhelo de hermandad.
Cuando un anhelo expresa coherente y correctamente el plan del Padre para la
Humanidad, va creando una creoda, un vórtice de consciencia, que por ley de
resonancia sintoniza con el sentir de los hombres de buena voluntad a lo largo y
ancho del planeta todo. Los viejos anhelos, los que resisten el paso del tiempo,
los que son ciertos tanto para ti hermano del desierto que no necesitas viajar
para saber de los contrastes, como para ti hermano de los nevados parajes donde
el aurora boreal regala los colores que disfruta en la flor el hermano del
ecuador, son sueños del alma y constituyen como la estrella de Belén que dos mil
años atrás a los tres sabios de Oriente guiara, fiel brújula en nuestro andar de
humanidad.
¿Qué necesitamos para avanzar hacia un mundo sin pasaportes, ni fronteras, un
mundo en que no se ahoguen los inmigrantes metros antes de la costa europea
huyendo del hambre en sus pateras?
¿Qué se requiere para que los resúmenes anuales de los informativos no
contabilizen víctimas de atentados y guerras, estadísticas del número de
mujeres asesinadas a golpes por sus maridos, cifras de accidentes mortales por
conducir en estado de embriaguez?
Solamente necesitamos alineación y confianza. Confianza en la bondad ya
expresada, la de los grandes hombres que entregaron sus años, sus días y hasta
sus segundos ofrendando su genialidad al servicio de la humanidad, en los que
caminan hoy con nosotros y son velamen izado que avanza raudo gracias al fuerte
viento del crítico tiempo actual. Confianza en la bondad por expresar: la de los
ancianos poderosos que habitan cuerpos de niños, nuestros hijos, nuestros
sobrinos, esos que en grupo han venido para mostrarnos nuestro destino. La
bondad por expresar de los que están en vías de despertar, la de los que sufren
y a través del dolor se sensibilizarán.
La confianza nos da optimismo, nos une en la consciencia grupal, nos protege en
las horas difíciles, nos permite ver más allá y nos remite a nosotros mismos, al
potencial por revelar, alejándonos de los traicioneros arrecifes de la
pasividad, esos donde bajo la bandera del victimismo tantos y tantos buques
hemos visto encallar.
La alineación es el único antídoto contra la alienación, pues no se puede luchar
contra la oscuridad. Alineación es ser conductores de luz, dejarla pasar, para
que el alma en cada uno de lo que vino a dar, irradie su luz única en su preciso
lugar, contagie los corazones que vino a tocar.
Alinearse es ocupar cada uno su lugar, para ello el tiempo eterno e impermanente
del presente ha de ser el presente que nos concedamos en este comienzo y este
final. Decíamos que hay muchos calendarios, veamos algo hermoso sobre el
nuestro: el origen y significado del mes de Enero.
Enero proviene del calendario Romano, pero no siempre fue el comienzo. El
antiguo calendario usaba el 1° de Marzo como el Día de Año Nuevo, en consonancia
con las tradiciones agrícolas, sin embargo desde el siglo II a.C. enero cambia
su ubicación situándose en el comienzo del año. Enero, January en inglés, fue
nombrado en honor al dios Jano o Janus, preside el principio y el fin de las
cosas. Janus tenía dos caras: una mirando hacia adelante y la otra mirando hacia
atrás y era además del Dios de los comienzos el de los portales y las puertas.
¿Quién es Janus en nosotros? ¿Quién tiene 360º de visión? ¿Quién muere
permanentemente para volver a comenzar? El alma, el observador, el Hijo alineado
con la voluntad del Padre.
Seamos conscientes al brindar por el comienzo, de que solo es posible comenzar
si se ha terminado y terminar en el idioma de la vida es aprender, ya que los
sucesos son lecciones. Aunque no tengamos la visión global, aunque no
vislumbremos cuándo sembramos eso, que hoy vivimos, confiemos en el orden que
mantiene el equilibrio de los mundos, las estrellas, las galaxias y su danza
perfecta; confiemos en la inteligencia suprema de la creación; en la bondad
infinita del Cristo nuestro hermano Dios Amor ya que confiando aceptaremos y
aceptando aprenderemos. Aprender, nacer, ascender. Terminar, exhalar, dar.
Vivir, fluir, sentir.
Sentimos en el corazón cuando por grave que sea el suceso accedemos a su leve
lección. Sentimos la hermandad cuando más allá de nuestro intelecto encendemos
el fuego del amor, y en él nos consumimos para realizar la alquimia de la
creación. Sentimos cuando somos verdaderamente fuertes, es decir cuando
aceptamos plenamente, sabiamente, nuestra vulnerabilidad. Sintamos, sintámonos,
sintonicémonos, sincronicémonos y así no sólo brindaremos juntos al recibir el
primer instante del mes del dios de los comienzos, sino que recibiremos
alineados la luz del alma y a cada instante comenzando, a cada instante
terminando, siempre fluyendo, en cada segundo renaceremos y al renacer, el viejo
anhelo realizaremos.
Isabella Di Carlo Surraco
www.davida-red.org
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