chipy Moderador


Registrado: Aug 07, 2005 Mensajes: 18649 Ubicación: Buenos Aires-Argentina
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Publicado: Sab Feb 13, 2010 10:13 pm Asunto: LA MEDITACIÓN Y LAS MORADAS DEL ALMA |
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La meditación y las moradas del alma
Cuando la conciencia se focaliza en el cuerpo físico, el astral o el mental, el Ego no está propiamente en su casa, sino fuera de ella, expresándose como pensamiento, sentimiento y acción, a través de los instrumentos que constituyen la personalidad. Esta impresión la vivencian las personas que se encuentran en ciertos niveles de evolución, en los cuales el Yo, que ha logrado una mayor comprensión, advierte que su existencia es como un retorno a la patria original o una reintegración a la Fuente. Por eso desde antiguos tiempos se compara esta experiencia con una “peregrinación”. O quizás podríamos decir, con mayor propiedad, que toda peregrinación evoca esta vivencia existencial. De modo que las personas que “han entrado en la corriente” de la evolución consciente, sienten como propias las palabras de San Pablo: “Mientras estamos en el cuerpo, estamos fuera de casa, y peregrinamos al Señor” (2da. Co.5:6). La figura del exilio o del destierro, tan empleada por los autores espirituales, tiene que ver con el hecho de sentir que el cuerpo es “nuestra tienda de campaña”, y mientras vivimos en ella somos como extranjeros que viajan fuera de su patria. (1ª.Pd. 2:11). A medida que progresa el “viaje” la casa terrenal que habitamos, se disuelve, y al mismo tiempo, edificamos en el “cielo”, otra eterna en Dios. (2da. Co. 5:1) Este trabajo de “constructores” de la morada espiritual, requiere que nuestra conciencia, haya atravesado el velo de la ilusión de la mente material y experimente el anhelo de elevación y retorno.
Por el contrario, cuando una persona se encuentra en los primeros peldaños de la evolución, su conciencia está centrada en el cuerpo físico y en la satisfacción de sus necesidades y apetitos. Este es un estado primario en el que el sujeto está totalmente centrado en su propia satisfacción. Es el hombre “Hílico” para quien rige solamente la razón material. A medida que la persona evoluciona, la conciencia se va centrando en los procesos lógicos del pensamiento al servicio de la adaptación, la utilidad y la conveniencia. Estos procesos basados en el razonamiento y el pensamiento operativo son propios de lo que conoce como, “mente inferior”. El sujeto está completamente identificado con su personalidad. Correlativamente en el plano astral se establecen complicadas redes de vínculos basados en el interés personal, que pueden expresarse tanto en términos de rivalidad y competencia, codicia, ira, orgullo, envidia, fama, poder, autocomplacencia, o en conductas algo más evolucionadas, por la aparición de sentimientos que tienen en cuenta a los demás, como los vínculos de simpatía y agrado basados en la coincidencia de intereses así como los acuerdos y tratados basados en mutua conveniencia y satisfacción.
En las personas más adelantadas en la evolución, el Yo establece su centro en la esfera espiritual, su morada propia, de modo que tiene clara percepción que la personalidad es un instrumento, y que somos mucho más que lo que creemos que somos.
En este nivel “mental superior” o “Cuerpo Pneumático” el Yo opera mediante la Inteligencia Intuitiva y abstracta, gracias a lo cual se avanza hacia una gradual y progresiva comprensión de la unidad del ser y un despertar de los principios o valores éticos, estéticos, morales, religiosos, noéticos. El centro de gravedad de la personalidad ya no es el yo empírico, sino el “Si Mismo”. La conducción pasa a este nuevo centro y esta transposición eleva la conciencia a un plano que trasciende el acontecer tanto penoso como gozoso, y se experimenta como una liberación o desligamiento.
Este avance va acompañado en el plano astral superior, por la manifestación de sentimientos altruistas, de solidaridad, justicia, belleza y de amor incondicional a todas las manifestaciones de la Vida. La más elevada de estas expresiones es la “piedad” que se corresponde con el grado sublime del amor del Ser.
¿Qué ocurre cuando meditamos?
El Ego en el plano mental es un foco emisor de radiaciones que se propagan en todas direcciones. Esto podemos considerarlo en tres aspectos:
a) Un campo de energía se forma en torno al emisor como una esfera radiante cuya cualidad depende de la polaridad de las formas mentales. La oración y la meditación conducen a la “elevatio mentis ad Deum”, es decir, a un estado de entonamiento con los planos superiores que elevan la tasa vibratoria de la energía vital en la personalidad y armoniza sus vehículos. Y esta es la base o clave dorada de la sanación. Por eso, estas praxis psicoespirituales, poseen un poder curativo implícito.
Entonamiento + polaridad + armonía
b) Cuando envía un pensamiento afectuoso a un amigo, por ejemplo, la forma se dirige al destinatario y permanece junto a él hasta que sea receptivo para recibir la benéfica influencia. Así es como procedemos con la curación a distancia. Pero aún cuando el devoto no tuviera la intención explícita de “enviar” la influencia espiritual, en virtud de la comunión esencial del Ser, todo lo que haga para su propia evolución, necesariamente afecta a todos los seres y contribuye a la elevación de la conciencia de la Humanidad y la salud de los otros reinos.
c) Cuando la comunicación va dirigida a Dios el resultado es distinto. El rayo o vínculo que lo une al mundo celestial, se intensifica y en consecuencia, se incrementa el flujo de energía dirigido hacia el devoto. Es decir, la conexión se refuerza y es como un canal que se ensancha para recibir mayor flujo de energía y Gracia dimanante de la Fuente Divina o Plano Celestial. Entonces, la corriente de comunicación no se detiene en el destinatario, sino que causa una “salida” por la que fluye la fuerza espiritual hacia el emisor, en una forma mayor y más intensa. Como si se abriera el grifo o se aumentara la potencia de la corriente eléctrica. Por eso es indispensable orar y meditar si buscamos una evolución más acelerada, y gozar de los beneficios de la Gracia. Es oportuno, en este momento, recordar en que reside el poder transformador de la plegaria y la meditación.
Lic. Carlos Alberto Papaleo
www.unportaldelainiciacioncristica.com
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