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| Paisaje astral. |
Una buena manera de interpretar los distintos cuerpos y capas que envuelven
al ser humano es la de buscar un tipo de analogía con las cebollas. Estas tienen
, a modo de huevo de Pascua, una sucesión de envolturas que se asemejan a la
disposición de lo siguiente:
El alma, la conciencia para algunos, está imbricada en la esencia
misma de la mente y el cuerpo. Algunos científicos se han atrevido a decir que
se puede pesar y medir, con lo que quedaría demostrado para los agnósticos no
solo la existencia misma del alma, sino la importancia de su
conocimiento. Se interrelaciona con el cuerpo en forma gaseosa (etérica) a
través de los átomos que viajan por la sangre. El punto de unión del alma
con la mente se halla entre la glándula pineal y el hipotálamo, y su visión por
los intuitivos fué calificada como el cordón de plata. La
confusión existente entre el empleo de las acepciones alma y espíritu a venido a
enredar, aún más si cabe, la concepción que representa cada término. Cuando
queremos referirnos al termino espíritu lo haremos en la referencia a una
substancia con entidad propia ajena al ser humano, aunque se relacione con
frecuencia con los seres vivos. Por este término se han querido referir a lo
largo de la historia a los dioses, en la remota antigüedad, a los angeles y
demonios; y en la actualidad a los seres de la ufología o de otras
hiperdimensiones.
El cuerpo astral, o traje del alma; conectado al cerebro (y más
concretamente al hemisfério izquierdo o emocional), es el vehículo que utiliza
el alma para desplazarse a otros planos de conciencia.
La mente, hallá donde se encuentra el impulsor de las actividades
humanas. Su triple concepción por los psicólogos podría ser la de consciencia,
preconsciencia y... (la que más nos interesa en este capítulo) subconsciencia.
Precisamente en el subsconciente, una vez se alteran las frecuencias psíquicas,
se hallan las herramientas para realizar las experiencias extrasensoriales.
El aura, un campo de radiación en torno al cuerpo, visible para los
clarividentes que incluso pueden ver sus colores y saber por su intensidad o
gama el estado fisico-emocional del sujeto. El origen de su denominación viene
dado en las emanaciones de aureola que mencionaban santos y místicos. El
campo electromagnético que gravita envolviendo al cuerpo, el aura,
aumenta de brillo e intensidad y vibra con más frecuencias cuando se procede a
la experimentación en el desdoblamiento astral.