Por Yamileth García Sosa
Una nueva raza humana, más sensible y democrática, menos
autoritaria y manipuladora, ya comienza a poblar el Planeta. Se trata de seres
especiales aunque tan terrenales como sus padres. Sólo que, a diferencia de
estos, traen consigo la tarea de propulsar cambios en la humanidad.
Bautizados como Niños Índigo, estos muchachos tienen la
capacidad de ver mas allá de los espectros de la Luz, escuchar todo tipo de
sonidos, incluso su propio fluido sanguíneo, y denotan una destacada
hipersensibilidad táctil. “Los Niños Índigo, como su nombre lo sugiere, no son
Niños azules, si no que se les denomina así porque su aura, o campo energético,
tiende a reflejarse dentro de los colores añiles, azules, manifestando la
utilización de centros energéticos superiores”, asegura María Dolores Paoli,
especialista en psicoespiritualidad.
Es por esto que se les adjudican grandes dosis de
intuición, que se demuestra en el desarrollo de la telepatía, cualidades para
predecir el futuro, y hasta reconocer la presencia de seres etéreos como hadas y
duendes a su alrededor. Además, algunos menores llegan al mundo con el don de la
sanación.
Pero, ¿por qué vienen al planeta Tierra?
La psicoespiritualidad es un concepto relativamente
nuevo que se refiere a la psicología transpersonal, donde se unen el
conocimiento del Ego con el conocimiento del alma. Y según Paoli, la llegada de
estos “nuevos hombres” no es casualidad, sino que tienen una tarea muy
específica por delante. “Porque son puentes entre la tercera y cuarta dimensión,
y el verdadero cambio lo activan en la familia, en el hogar”, señala.
A juicio de la especialista, estos niños llegan al
planeta con la misión de aumentar la rata vibratoria, y poseen mejores
condiciones biológicas para manejar las impurezas creadas por el hombre, incluso
un potencial de cambio en su ADN.
“Científicamente ya tenemos confirmación del cambio que
aportan estos chicos, manifestándose en la activación de 4 códigos más en el
ADN. Lo normal en los humanos es tener 4 núcleos que, combinados en sets de 3,
producen 64 patrones diferentes, llamados códigos. Los humanos tenemos 20 de
esos códigos activados que proporcionan toda la información genética.
Exceptuando 3 códigos, que son los códigos de arrancar y parar como si fuese una
computadora”, añade la especialista venezolana.
Hasta ahora la ciencia ha considerado a estos códigos
desactivados como programas remotos que hoy en día no necesitamos. Pero
aparentemente los niños índigos nacen con un potencial de activación de cuatro
códigos más, que se denota en un claro fortalecimiento del sistema inmunológico.
Esto ha quedado demostrado en estudios realizados en la
Universidad de California (UCLA). Algunos de estos experimentos han consistido
en mezclar células de niños índigos con dosis letales de virus de SIDA y con
células cancerosas, que no tuvieron efecto alguno en las células de los
infantes. “La conclusión es que estos pequeños vienen con un sistema
inmunológico fortalecido, manifestando inmunidad a las enfermedades”.
Para la especialista, los Niños Índigo (término
reconocido a nivel internacional) nacen en cualquier clase socioeconómica y se
caracterizan, básicamente, por poseer un nuevo estado de conciencia.
Sin embargo, destaca Paoli, ciertos rasgos físicos
distinguen a los niños azulados del nuevo mundo: “Son más delgados, tienen ojos
grandes, ligeramente abultado el lóbulo frontal, por lo general zurdos o
ambidiestros. Comen poco, e incluso, algunos son vegetarianos por no soportar la
carne”, añade.
Y es que, según estima Paoli, en 1999 esta nueva raza ya
abarcaba el 80% de la población infantil mundial, por lo general en querubines
menores de diez años de edad.
Valores Renovados
De acuerdo a Paoli, la crianza y los valores que se
transmitan a los niños de la actualidad requieren una revisión de parte de
padres y especialistas. Y para ello hay que tomar en cuenta, ante todo, que las
criaturas de la nueva Era no aceptan la imposición ni la autoridad, rechazan la
manipulación, la inautenticidad y la deshonestidad. Tampoco aceptan los viejos
trucos de la disciplina basados en crear temor y culpa.
“A estos pequeños seres les gusta ser tratados y
honrados como individuos”, apunta Paoli en su Material de Apoyo para la
Educación de los Niños del Futuro. Por ello, la especialista considera que la
crianza emocional debe basarse en la visibilidad y transparencia.
“A los niños índigo no se les debe avergonzar ni
culparlos, mentirles ni gritarles. Por el contrario, hay que preservarles la
autoestima. Se les debe brindar la posibilidad de elegir y, al mismo tiempo,
evitar la comparación. Deben recibir disciplina sin emoción”, agrega la
psicóloga.
Otra característica importante para la crianza emocional
de los infantes es estimular su excelencia, mas no la competencia entre
individuos. Y, además, involucrar el buen humor. Según Paoli, existen palabras
claves durante el proceso de enseñanza de los pequeñines, de acuerdo a su edad
biológica, basados en las Siete Leyes Espirituales para los Padres. Por ejemplo,
hasta el primer año de vida, los vocablos esenciales son amor, afecto y
atención. “A los bebés hay que tocarlos, abrazarlos, proveerles mucha seguridad
y, además, jugar con ellos”, explica.
Luego, entre el primer y segundo año, hay que resaltar
los términos libertad, respeto y estímulo. “Durante esta etapa se prueba el
desapego a los padres. No hay que condicionarlos a través del temor. Hay que
evitar que el niño conecte el dolor como sinónimo de malo, de debilidad. Si así
fuese, no habría espacio para el crecimiento espiritual”, afirma Paoli.
Merecimiento, explorar y aprobar son las palabras claves
entre los 2 y 5 años, época de transición entre el Yo Soy y el Yo puedo. “Si les
reprimimos el sentirse poderoso, no se logrará que sea un adulto capaz de
enfrentar cualquier reto”, enfatiza la especialista.
Posteriormente, entre los 5 y 8 años, el niño ya asimila
conceptos más abstractos. Por ello hay que manejar los términos dar, compartir,
aceptación, verdad y no juzgar. “A ellos les encanta compartir cuando sienten
amor. Si se les enseña que para dar tienen que perder algo, entonces no aprenden
el verdadero significado de dar. En cuanto a la verdad, deben aprender que va
acompañada de un sentimiento agradable y no como antesala a un problema, en caso
de ocultarla”.
Después, entre los 8 y 12 años, el niño ahora convertido
adolescente requiere que los padres manejen términos como la experiencia, la
responsabilidad y el estar alerta. “Los que aprendieron las lecciones de la
crianza espiritual, entonces reflejarán la confianza de sus padres. De lo
contrario, se encontrarán confusos, cederán a las presiones amistosas y buscarán
experiencias indiscriminadas”.
De acuerdo a Paoli, los colegios y demás centros
educativos deben estar atentos para reconocer la presencia de niños índigos
dentro de los salones escolares. A su juicio, estos particulares alumnos no
funcionan con los métodos de enseñanza tradicionales. Por el contrario,
“aprenden de forma reflexiva y participativa, mas no mediante la memorización.
Por ello no extraña que a muchos de estos pequeñines se les califique como niños
problemas, ya que se dispersan con gran facilidad durante las clases”.
Yamileth García Sosa, periodista venezolana radicada en
Miami, escribe sobre temas de actualidad relacionados con América Latina.