La ciudad de la montaña
Erase una vez, una ciudad que estaba situada en la cima de una gran montaña,
en ella sus habitantes vivían en paz y armonía.
En esa ciudad, todos y cada uno de sus habitantes sabían todos los oficios
conocidos, pues cuando se producía una avería en cualquier parte de la ciudad,
lo arreglaban aquellas personas que se encontraban
en aquel lugar. Nadie al que le faltase conocer algún oficio, podía entrar en
esa ciudad y menos, permanecer en ella.
Estas personas, cuando tenían una avería en sus casas, no necesitaban llamar
a nadie para arreglarla, pues ellos estaban capacitados para hacerlo.
Así pues, todos ellos vivían en paz y armonía, porque todos se valían por si
solos, y toda la ciudad y casas estaban siempre limpias, relucientes y sin
averías.
Un día, después de salir del trabajo, dos amigos llamados, Pedro y Juan,
fueron a dar un paseo fuera de la ciudad.
Iban paseando por la ladera de la montaña, cuando Juan divisó otra ciudad
allá a lo lejos, en un valle.
Juan, observó que esa ciudad estaba habitadas por mucha gente,
y se sorprendió, pues creía que no existía mas ciudades que la que el
conocía, y le preguntó a Pedro:
Juan.- ¿Quienes son esas gentes que viven allí en el valle?
Pedro.- ¿ No te acuerdas?, todas esas personas que ves allí
en el valle, un día vivieron con nosotros, pero se marcharon de aquí.
Juan.- ¿Porqué se fueron?
Pedro.- Eso es muy largo de contar, otro día hablaremos de ello si quieres.
Juan.- ¿Como viven esas personas en esa ciudad?
Pedro.- Pues no muy bien , tienen muchos problemas y sufrimientos.
Juan.- ¿Y porqué no vuelven con nosotros?, si aquí se vive mucho mejor que
allí abajo.
Pedro.- Mira Juan, eso es imposible, porque las personas que viven allí abajo
lo han olvidado todo, no saben arreglar nada, porque no conocen los oficios, y
para poder vivir aquí, tienen que conocerlos todos.
En esos momentos se le ocurrió una idea a Juan, que inmediatamente se la
expuso a Pedro, y así le dijo:
Pedro, ¿porqué no bajamos al valle y a las personas que allí viven les
enseñamos los oficios?, podríamos crear una especie de universidad, donde se
enseñaría carpintería, fontanería, albañilería, electricidad, ect... Podrían
aprender todo aquello que necesitan para poder vivir con nosotros.
Mira, Juan, tu idea no está mal, pero tu no conoces a esas personas, son
bastante brutas, orgullosas y vanidosas, no van a querer
estudiar ni aprender los oficios, pues ellos creen que ya saben arreglarlo
todo, pero como me gusta tu idea, vamos hablarlo con nuestro pueblo, a ver que
opinan.
Así pues, expusieron al pueblo la idea de Juan y el pueblo aceptó.
Entonces bajaron al valle y construyeron un gran edificio donde había miles
de aulas, y en cada aula se enseñaba un oficio.
La gente del valle empezó acudir a las clases, y estudiar un oficio.
Cada cual elegía el oficio que quería, pues la elección era libre.
Muchos estudiaban carpintería, otros albañilería, otros fontanería, ect..
Pasó el tiempo y muchas personas estudiaban oficios y otros no estudiaban
nada, pero aquellos que estudiaban, empezaron a preguntarse para que servia
aprender aquello que estaban estudiando.
Un día a la salida de las clases, un grupo de amigos que estudiaban oficios
diferentes, se pusieron a hablar entre ellos y en un momento de la conversación,
uno les preguntó a los otros, ¿oyes, sabéis alguno para qué estamos estudiando
los oficios?.
Ninguno sabia la respuesta, pero algunos tenían varias hipótesis, entonces
propusieron reuniese una vez a la semana al salir de clase, para intentar
averiguar cual era el motivo de tener que aprender un oficio.
Se reunieron durante mucho tiempo, donde hubo sus mas y sus menos, hasta que
un día por fin se pusieron de acuerdo y supieron que había una ciudad en lo alto
de la montaña, donde vivían mucha gente feliz y en armonía, pero la cuestión era
ahora averiguar como podrían acceder a dicha montaña, y qué tenia que ver con
los oficios que estaban aprendiendo cada uno.
Entonces, quedaron de acuerdo que el día que se reunieran, expusiera quien
quisiera el argumento o la hipótesis de cómo acceder a la ciudad de la
montaña.
Un día expuso su argumento el carpintero, y dijo:
Para acceder a esa ciudad, hay que ser un buen carpintero, porque esa ciudad
esta hecha toda de madera y hay que saber trabajar la madera, deberíais dejar
vuestros oficios y aprender el mío, además os voy a exponer mi tesis sobre la
madera.
Claro, cuando exponía su tesis de la madera, tanto el albañil como el
fontanero y los demás no entendían nada y además ni siquiera le hacían caso al
carpintero.
A la semana siguiente expuso su argumento el albañil, y dijo:
Para acceder a esa ciudad, hay que ser un buen albañil, porque esa ciudad
esta hecha toda de ladrillo y cemento, y hay que saber trabajar la masa,
deberíais dejar vuestros oficios y aprender el mío, además os voy a exponer mi
tesis sobre la masa.
Claro, cuando exponía su tesis sobre la masa, tanto el carpintero, como el
electricista y los demás no entendían nada, ni siquiera le hacían caso al
albañil.
A la otra semana, expuso su argumento el electricista, y dijo:
Para acceder a esa ciudad, hay que ser un buen electricista, porque esa
ciudad esta hecha de luz y energía, y hay que saber trabajar con los cables.
Deberíais dejar vuestros oficios y aprender el mío, además os voy a exponer mi
tesis sobre la corriente.
Claro, cuando exponía su tesis sobre la corriente, tanto el carpintero, como el
albañil, como el fontanero, y los demás no entendían nada, ni les interesaban lo
que decía el electricista.
A la siguiente semana hablaron otros ,y seguía ocurriendo lo mismo, y no
había manera de ponerse de acuerdo en como se podía acceder a la ciudad de la
montaña.
En una soleada mañana, donde la brisa mecía las copas de los árboles y se oía
el trinar de los pájaros, Pedro y Juan paseaban por la ciudad de la montaña, se
sentaron en un banco, y se pusieron a observar el valle y a sus habitantes.
Pedro preguntó a Juan: ¿sabes algo sobre la idea que tuviste, y que
resultados esta teniendo?, a lo cual, Juan respondió; tenias razón Pedro, lo
habitantes del valle son muy brutos, y son muy vanidosos, porque apenas han
aprendido un oficio, ya se creen que lo saben todo y no dan lugar a escuchar a
otras personas que tienen otros oficios y además no tienen ni idea de que han de
aprender mas oficios. Tanto el fontanero, como el albañil, o el carpintero,
creen que tienen la verdad de cómo llegar hasta aquí, y no se escuchan unos a
otros, y así no habrá manera de que sepan que tienen que aprender mas oficios.
No te aflijas Juan, dales tiempo, ya se darán cuenta que con la manera de
pensar que ellos tienen, no encontrarán el camino hacia aquí.
Pero Pedro, si cada uno de ellos cree que con su oficio es suficiente para
poder acceder a la ciudad de la montaña, ¿cómo y cuando se darán cuenta de su
error?.
No te preocupes Juan, algún día ocurrirá algo, y poco a poco se irán dando
cuenta, que tienen que cambiar de manera de pensar.
Pasó mucho tiempo, y aquellas reuniones ya se hacían aburridas, pues
siempre se hablaba de lo mismo, y cada uno seguía queriendo enseñar su oficio
a los demás, y lo mas gracioso es que no se daban cuenta que llevaban muchísimo
tiempo hablando de lo mismo, y que no se adelantaba nada.
Pero un día le ocurrió algo extraño a un miembro de aquel grupo, y fue rápido
a comunicarlo a los demás.
Escucharme, dijo; esta noche he tenido un sueño, y me ha parecido ver la
ciudad de la montaña, he visto que la gente vive muy feliz, además he visto que
en esa ciudad no hay nada estropeado, todo esta limpio y reluciente, todo
funciona muy bien, y es porque todos los habitantes de allí, saben arreglarlo
todo, pues cada habitante domina todos los oficios. ¿Os dais cuenta de lo que os
quiero decir?.
Pues os quiero decir, que creo que para acceder a la ciudad de la montaña,
tenemos que aprender todos los oficios.
Y a partir de ahora ya no deberíamos de discutir mas los unos con los otros,
sino que todo lo contrario, cuando hable el albañil, hay que poner mucha
atención, pues tenemos que aprender su oficio, y cuando hable el fontanero, hay
que hacer lo mismo, y así con todos, y dejarnos ya de discutir, y de creer que
nuestro oficio es el que nos llevará a la ciudad de la montaña, y veréis que ya
las reuniones no serán aburridas, pues en vez de estar discutiendo de quien
lleva razón o no, estaremos aprendiendo los oficios que vallan explicando los
otros miembros del grupo.
Algunos miembros del grupo, decían ; ¿que como vamos hacer caso de un sueño?,
que las cosas que no se tocan o no se ven, no vale para nada, que todo eso eran
pamplinas, y que era imposible aprender todos los oficios, y que habría que
seguir buscando como acceder a la ciudad de la montaña.
Pero, la persona que tuvo el sueño les dijo; aunque el aprender todos los
oficios no fuera el camino para acceder a la montaña, por lo menos se
enriquecería nuestro saber, y seria mejor que estar siempre discutiendo sin
llegar nunca a nada concreto.
Entonces los miembros del grupo dijeron que intentarían escucharse los unos a
los otros.
Pasó mucho tiempo, y muchas personas estaban intuyendo algo y empezaron a
estudiar y aprender mas oficios, pues se corrió la voz de que había una ciudad
en la cima de la montaña, donde todo el mundo vivía en paz y armonía, y eran muy
felices.
Allá, en la ciudad de la montaña, estaba Juan sentado en un banco del jardín,
mirando y observando la ciudad del valle, se le acercó Pedro y le dijo: ¡Hola!
Juan, te veo muy pensativo, ¿te ocurre algo?.
¿Que están haciendo ahora la gente del valle?, dijo Pedro.
Mira Pedro, esta gente del valle no hay quien haga carrera de ellos.
¿Por qué dices eso Juan, es que todavía no los conoces?.
Cuéntame Juan, ¿que es lo que pasa?
Escucha Pedro, ya hay muchas personas en la ciudad del valle que ya saben
varios oficios, pero en vez de aprender mas, creen que ya son suficientes, y se
creen superiores a aquellos que tienen menos oficios que ellos, y la vanidad se
apodera de ellos, y lo que me preocupa es, que si no siguen aprendiendo mas
oficios, no podrán venir hacia aquí.
No te preocupes Juan, dales mas tiempo, ya te dije que las personas del valle
son muy brutas, y les cuesta mucho aprender las cosas.
Pasaron muchos años, y en la ciudad del valle, ya había un grupo numeroso de
personas que ya habían aprendido todos los oficios, y se reunieron y tomaron el
camino hacia la ciudad de la montaña.
En los jardines de la ciudad de la montaña, estaban paseando Pedro y Juan,
hacía una mañana expendida, el sol brillaba, y sus rayos se reflejaban en las
tranquilas aguas del lago.
En un momento del paseo, Juan divisó algo que procedía del valle, y vio una
muchedumbre de personas que se dirija hacia ellos.
¡Mira Pedro!, exclamó Juan, ya vienen personas de la ciudad del valle, eso
significa que esas personas ya han aprendido todos los oficios, y por eso han
encontrado el camino hacia aquí.
No te exalte Juan, que ahora viene lo peor, veras que enfado se van a llevar.
Tu no digas nada, déjame hablar a mi.
Aquellas personas venían contentas y alegres, todas ellas portaban maletas
llenas de herramientas para poder desarrollar los oficios, portaban, picos,
palas, alicates, martillos, destornilladores, ect...
Al llegar a la altura de Pedro y Juan, el portavoz del grupo se acercó a
ellos y les dijo: ¡hola! Buenos días, ¿podrían decirme, si esta es la ciudad de
la montaña?
Si, contestó Pedro, ¿qué deseáis buen hombre?.
Queríamos entrar y vivir en ella, pues nos hemos preparado para ello.
Lo siento, dijo Pedro, pero todavía no estáis preparados.
¡Como!, exclamaron aquellas personas, nos hemos pasado media vida
investigando cual era el motivo de nuestra existencia, discutiendo hasta la
saciedad hasta averiguar la existencia de la ciudad de la montaña, nos ha
costado sudor y lagrimas ponernos de acuerdo en que había que aprender todos los
oficios, y nos hemos pasado la otra media vida aprendiendo todos los oficios,
mientras las demás personas solo pensaban en divertirse y en pasarlo bien, y
ahora que estamos aquí, nos dice que no podemos entrar, pero ¿por qué?.
Pedro les contestó; para mi es un orgullo que halláis aprendido todos los
oficios, pues es lo principal que tenéis que saber para poder entrar en esta
ciudad, y que tengáis todas las herramientas necesarias para ello, pero esas
herramientas que tenéis, no valen para esta ciudad.
¿Porqué no valen las herramientas para esta ciudad, si las tenemos limpias y
relucientes, y muy bien cuidadas?, dijeron aquellas personas.
Es muy sencillo, dijo Pedro, esta ciudad es mental, todo en ella es mental,
por lo tanto, las averías que se ocasionan en ella, hay que arreglarlas con
herramientas mentales.
Esto quiere decir que todos los oficios que sabéis y que ejecutáis con
herramientas físicas, ahora tenéis que aprender a ejecutarlo con herramientas
mentales, ¿me habéis comprendido?
Si, contestaron todos, ¿pero eso como se hace?
Tenéis que volver al valle, y aprenderlo por vosotros mismos, tenéis que
averiguarlo aunque os lleve otra media vida, y cuando lo consigáis podréis
entrar en la ciudad de la montaña y vivir con nosotros, así pues, marchar en
paz, les dijo Pedro.
Juan, que en todo momento estuvo callado y escuchando todo aquello que les
decía Pedro a los habitantes del valle, estaba un poco desorientado, a lo cual
Pedro le miró y le dijo, ¿qué te ocurre Juan, quieres decirme algo?
Si ,Pedro, quería que me dijeras ¿como sabias que aquellas personas no sabian
arreglar las cosas con la mente?
Mira Juan, en primer lugar, en la ciudad de la montaña no se entra con
herramientas físicas y en segundo lugar, ¿no te fijaste en sus herramientas?
Si Pedro, pero no noté nada raro en ellas, sino todo lo contrario pues
estaban nuevas y relucientes.
Si Juan, estaban relucientes, pero de orgullos y vanidades, en ellas se
reflejaban que sus dueños creían que eran los mejores en sus oficios, reflejaban
también que creen que unos son superiores a los otros y reflejaban muchas mas
vanidades, y esto quiere decir que aunque vayan todos por buen camino, pues se
preocuparon de aprender todos los oficios, ahora tienen que aprender el camino
de la humildad, y que no deben creerse unos superiores a otros a la hora de
ejecutar su trabajo.
Pero Pedro, ¿ ahora cómo van a saber como se crean herramientas mentales?
Tienes que saber Juan, que será una tarea difícil y larga.
Tendrán que aprender que las herramientas mentales se crean desde el corazón,
se darán cuenta que no podrán crear ninguna herramienta mental, si no son
humildes y exentos de vanidades y sobre todo, tienen que ser limpios de corazón.
Pero Pedro, todo esto que dices, ¿no podrían aprenderlo aquí?.
Es imposible Juan, han de aprenderlo primero en la ciudad del valle,
pues para poder entrar en la ciudad de la montaña, tienen que venir con la
lección bien aprendida, pues para que la puerta de la ciudad se abra, tienen que
llegar con todos los oficios aprendidos y limpios de corazón. Pues, vaya tarea
que les espera, dijo Juan.
Si ,exclamó Pedro, el dedicar toda una vida en aprender todos los oficios
tiene su mérito, y cuesta un gran esfuerzo, pero el trabajar la humildad y la
vanidad, supone un esfuerzo mayor, pero no hay que olvidar el lema de la ciudad
de la montaña, que dice así:
EL QUE “TODO LO SABE”, NO ES POR QUE SEA UN ELEGIDO O POR QUE SEA SUPERIOR A
OTROS, SINO PORQUE, “YA ES”, EL QUE TENIA QUE “SER”.
Con esto te quiero decir Juan, que los habitantes de la ciudad del valle
se valoran constantemente uno con otros, se creen superiores a los demás
según la cantidad de oficios que sepan, y menosprecian a los que saben menos
oficios, y en vez de ayudarlos y enseñarlos, lo que hacen es humillarlos, pero
harán todo esto hasta que un día se den cuenta, que el saber mas o menos oficios
es cuestión de tiempo, porque llegará el día en que todos serán iguales y sabrán
todos los oficios, y todos los habitantes de la ciudad del valle, vivirán en la
ciudad de la cima de la montaña.
¿Lo entiendes Juan?. Sí, Pedro, tus palabras son sabias.
Y ahora, entre Tu y Yo Juan, en verdad te digo, que es mas difícil
que aquellos que se hacen llamar espirituales de la Nueva Era, entren en el
reino de los cielos, que un camello por el ojo de una aguja.
Porque aquellos que miden su grado de evolución espiritual según sus
facultades, o sus logros de poderes.
Aquellos, que alardean de tener el conocimiento de las cosas, dimensiones,
ángeles, ect... y lo usan para aumentar sus egos.
Aquellos, que tienen el don de la videncia, y lo usan para embaucar a las
personas, y sobre todo, aquellos que obtuvieron sus facultades por su buen hacer
en vidas anteriores, y ahora en vez de usarlo en bien de los demás, lo usan
para el comercio; te diré Juan, que han de saber, que el reino de los cielos
se gana cuando; tengas quien tengas delante de ti, tomes conciencia de que “(Tu
estás en El, y El está en Ti).”
Bueno, vamos a recogernos Juan, que se está haciendo tarde y la noche
refresca y los dos amigos se recogieron, y en sus corazones brillaba la
esperanza de que algún día no muy lejano, todos vivirían juntos en la ciudad de
la cima de la montaña, en paz, en alegría, y sobre todo en humildad y con la
conciencia de que todos son iguales y de que nadie es superior a otro a la hora
de ejecutar su trabajo.
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