Diez criterios para discernir
PRIMERO: Observa si queda algo por perdonar en
ti, o en tu vida. En tu pasado más remoto o
más cercano. Mira si hay algún recuerdo que
perturba tu alma. No puedes olvidar que la
búsqueda del lugar del propio corazón, tu
unificación interior, y el hecho de tener que
ser "anuncio evangelizador" en tu vida, exigen
una plena paz de alma. Y te animan a buscar el
lugar del corazón, para establecer en él un
ámbito de comunión y de encuentro.
Para poder hacer este camino hacia el corazón,
has de vivir en una pureza total de la
memoria, del pensamiento y de la imaginación,
y acoger en ti la presencia vitalizadora de
Cristo.
Has de ser capaz de amar y de dejarte amar.
Vivirás en la transparencia total para poder
ser "luz". No pretendas iluminar. Que tu
primer objetivo sea vivir en la iluminación
interior.
SEGUNDO: Observa si en tu vida puedes decir
que has hecho de manera tan eficaz, que se
pueda notar, el don absoluto de tu amor total
a Dios y a los hermanos. Mira si en tu manera
de vivir se ve que para ti "nada vale la pena
en comparación con el supremo bien de conocer
a Jesucristo, mi Señor" (Fil 3,8). El
resucitado vive en ti y quiere establecerse en
tu interior.
Busca "ese" lugar interior en el que Él vive:
es el corazón centro de todo lo que vives y
sientes. Haz el camino con paz, sin prisas...
sin nerviosismos, ni precipitaciones. Date el
tiempo necesario para llegar. De momento busca
el silencio. Te bastará "estar" serenamente
contigo mismo.
TERCERO: Observa si te desestabilizan
interiormente, o anímicamente, tus
limitaciones y pobrezas, o las de tus
hermanos..., o por el contrario si vives en la
paz de reconocerlas sinceramente para
superarlas aceptándolas. ¿Te dejas llevar
fácilmente por los "nervios"?...
Recuerda: Cristo que vive en ti siempre te
dice: ¡Ten paz, no tengas miedo...!. Pero tú
mismo has de vivir en esta paz... que siempre
supone la ausencia del temor y de la duda.
Porque te has abandonado en confianza.
CUARTO: Observa si alguna vez, o muchas veces,
comienzas el día cansado o sin ilusión de
servir y de entregarte.
Mira si lo que predomina en ti es el cansancio
o la ilusión, la consideración de las cosas
que te cuestan o el ánimo con el que te
enfrentas a las cosas que podrías hacer,
porque forman parte de tu compromiso con la
vida.
¿Te sientes feliz y en paz en tu camino?...
¿Eres feliz? La felicidad que nace en el
hondón de tu alma será una señal evidente de
que vives en la iluminación interior. Verás
que siempre es una felicidad llena de paz,
alejada de los "fuegos de artificio" volátiles
y pasajeros.
QUINTO: Observa si Él ocupa o no, siempre,
directa o indirectamente, tu pensamiento, tu
corazón y tu vida.
Pregúntate si esta consciencia de Él en ti, es
un estímulo para tu vida. Observa si
predominan en ti los criterios que vienen de
la fe en Jesús que habla claramente en su
Evangelio.
Observa si los hermanos están realmente en el
horizonte de tu vida. Pregúntate si tu opción
por Jesús es manifestación de esta fe intensa
en Él, al que anuncias. Piensa que el Cristo
que anuncias es ¡el Señor que vive! Y vivirá
en ti, cuando lo acojas en lo más profundo del
propio corazón... cuando percibas que Él es el
"todo" en tu alma y en tu vida.
SEXTO: Observa si pierdes fácilmente la paz
porque no te vives unificado interiormente y
vives distraído o disperso. Pregúntate qué es
lo que te altera con más facilidad.
¿Actualmente hay algo que te intranquiliza?
¿Estás en paz contigo mismo? ¿Él vive en
ti...?. Es verdaderamente el centro que da
sentido a todo?...
SÉPTIMO: Observa si vives o no a Jesús como la
opción esencial de tu vida que te ayuda a
vivir en la unificación y en la armonía
interior.
Pregúntate si la presencia del Señor en ti es
vivida con claridad, alegría y fuerza. O
aceptas, de hecho, un planteamiento de vida
conformista y adormecedor que no te ayuda a
crecer, ni a darte siempre y más radicalmente
al Señor y al hermano. Nunca olvides que el
Señor Resucitado siempre camina entre los
hermanos.
OCTAVO: Observa si caes en la tentación de
aceptar vivir y caminar solo, "a tu aire", o
te arreglas tú la vida por tu propia cuenta,
prescindiendo de la comunidad de los hermanos,
y de tu deber de ser testigo del Señor en la
Iglesia y en el mundo.
Observa si, por el contrario, asumes con
responsabilidad el compromiso de reconocer tu
papel en la vida y lo que la comunidad puede
esperar de ti.
Ten en cuenta los dones que Dios ha puesto en
tus manos. ¿Ofreces el don de ti mismo a los
demás y te entregas a ellos como signo de que
quieres darlo todo y darte del todo?...
NOVENO: Observa si te conformas tranquilamente
con la actitud de no esperar contra toda
esperanza ..., o por el contrario eres capaz
de vivir y comunicar tu amor radical por el
Señor y la alegría de tener la vida en tus
manos para ser capaz de darla con esperanza
renovada.
¿Eres optimista o pesimista?.
DÉCIMO: Observa si consciente o
inconscientemente salen de tu boca expresiones
como éstaS: "Yo ya no"... "Conmigo que ya no
cuenten" .... "Yo ya estoy bien así?"... "A mí
ya nadie me cambia"... "Ya nunca jamás volveré
a ceder"... "Ya estoy harto de..."!
Observa si se dan en ti actitudes cerradas,
intolerantes, de juicio negativo precipitado.
Observa, sobre todo, si te dejas llevar por la
negatividad. Piensa en esta revisión de tu
vida que Dios es siempre positivo: «no apaga
la mecha que aún humea ni rompe la caña
agrietada».
¡Ora, y reconoce la verdad ante Dios!
Por Jaume Boada Rafí, o.p
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