Buscar temas sin respuesta | Ver temas activos Fecha actual Mar Mar 02, 2021 8:43 am


 

Responder al tema  [ 1 mensaje ] 
 CUALQUIERA DE NOSOTROS. Sergio Sinay 
Autor Mensaje
Luz Dimensional
Luz Dimensional
Avatar de Usuario

Registrado: Vie Sep 26, 2008 11:00 pm
Mensajes: 7369
Ubicación: Uruguay
Nota CUALQUIERA DE NOSOTROS. Sergio Sinay
“A cualquiera de nosotros le puede pasar”, dice la mujer con toda naturalidad. Trabaja en el Complejo Teatral La Plaza, en el centro de la ciudad, y su función, al menos la que cumple esa noche, es la de recibir las entradas y orientar a los espectadores hacia su ubicación. Media hora antes de la función, en esa noche de un viernes lluvioso (la obra es Los elegidos, que protagoniza Jorge Marrale), empieza a formarse una fila de personas que aguardan para entrar. Casi inadvertido en esa hilera, un señor está visiblemente incómodo. Usa bastón, es obvio que no le resulta fácil permanecer de pie, faltan largos minutos para acceder a la sala, él no encuentra una posición cómoda en la cual esperar. A su alrededor, las conversaciones continúan, una demostradora ofrece degustar una bebida, hay música de fondo, más personas llegan. El hombre no parece llamar la atención de nadie. Pero aquella mujer lo advierte, sale de su puesto, desaparece por un par de minutos y regresa con una silla. La ubica a un costado, cercana a la entrada de la sala, y luego se dirige al señor, lo invita a sentarse allí, lo toma del brazo y lo acompaña.

"No hice nada del otro mundo, pero hay que prestar atención a esas cosas, porque a cualquiera de nosotros le puede pasar”, dice la mujer cuando, al comenzar el ingreso del público, recibe nuestra felicitación por su gesto. Sin embargo, aunque ella lo minimice, lo que hizo no es tan usual en este mundo, más bien parece de otro. En las calles las bajadas para discapacitados están invariablemente obstruidas por vehículos estacionados allí con impunidad e indiferencia. En los vagones atestados del subte o en los colectivos personas mayores hacen penosamente equilibrio, de pie, sin que otros, menores que ellos, les cedan un asiento. En consultorios privados y en hospitales públicos gente que está allí porque necesita atención debe agregar a su sufrimiento el de largas y desesperanzadas esperas que no saben cuándo ni en qué terminarán. Personas que faltan a sus trabajos, que postergan tareas, que gastan dinero y tiempo en movilizarse pueden disecarse en largas filas para realizar un trámite que acaso no podrán cumplir por un detalle estúpido, y sufrirán además el maltrato de alguien a quien, con aportes e impuestos, ellas le pagan el sueldo.

Son unos pocos ejemplos de situaciones cotidianas que se multiplican. Hay muchos más. El que deja su vehículo en la bajada para discapacitados no cree que él (o ella) o algún ser querido podrá necesitarla alguna vez. El que no cede un asiento a una persona mayor, cree que él (o ella) jamás envejecerá. El que no atiende en tiempo y forma a quien está padeciendo, se cree a salvo del dolor o la necesidad. El que obstruye y dificulta trámites hasta hacerlos imposibles olvida que, a su vez, necesitará de otros en otros ámbitos en los que será víctima y no victimario. En cada uno de los ejemplos que podemos observar o padecer a poco que prestamos atención queda en evidencia hasta qué punto la empatía se ha convertido en una excepción y no el cemento natural con el cual construir la convivencia cotidiana. “Ande yo caliente y ríase la gente”, escribió Luis de Góngora en el siglo XVII. Aquella satírica oda al egoísmo y a la indiferencia no ha perdido vigencia, sino que, hoy y aquí, la ha ganado. La envidia (querer tener lo que el otro tiene, cuando se trata de bienes, fama o bienestar, arrebatar su lugar si fuera posible) gana muchos más adeptos que la empatía (comprender lo que el otro siente, entender su necesidad, ponerse con humildad en su lugar).

Pero a pesar de todo alguien, en algún momento, en el lugar menos pensado, tiene un pequeño gesto, una actitud simple y natural, hace lo que parece obvio (respetar espacios destinados a quienes los necesitan, acercar una silla, ceder un asiento, atender a quien espera, facilitar una gestión, saludar, sonreír, preguntar si hace falta algo) y solo con eso mejora el mundo. En ese instante, por breve que sea, y en ese lugar, por pequeño que fuese, el mundo mejora.

Porque no son necesarios seres iluminados, líderes providenciales, gurúes inspirados, sabios conductores para mejorar el mundo y la vida que compartimos.

Mientras los esperamos solemos seguir practicando la indiferencia. Basta con un simple acto. Pero sobre todo, basta con repetirnos una y otra vez, hasta que jamás se nos olviden, estas siete palabras: “A cualquiera de nosotros nos puede pasar”. Y si nos pasa, lo que más aliviará nuestro dolor, nuestra dificultad o nuestra necesidad será la mirada, la presencia, la comprensión y la actitud del otro. Sobre todo la del otro desconocido, de ese al cual no nos unen lazos familiares, afectivos, vecinales, de amistad, ideológicos o deportivos, sino simplemente el hecho de ser humanos. Decía Víktor Frankl (piadoso médico y psicoterapeuta, profundo pensador, autor de El hombre en busca de sentido) que quienes nunca han clamado desde la penuria son incapaces de dar respuesta a la voz que se escucha en el espacio libre.



Imagen

_________________
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar. E.Galeano
Imagen


Lun Jun 02, 2014 2:53 am
Perfil WWW
Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Responder al tema   [ 1 mensaje ] 




¿Quién está conectado?

Usuarios registrados: No hay usuarios registrados visitando el Foro


No puede abrir nuevos temas en este Foro
No puede responder a temas en este Foro
No puede editar sus mensajes en este Foro
No puede borrar sus mensajes en este Foro

Buscar:
Saltar a:  
cron
Powered by phpBB © 2000, 2002, 2005, 2007 phpBB Group.
Designed by STSoftware for PTF.
Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
phpBB SEO